
En la serie de artículos dedicados a los Nuevos Síndromes Profesionales y considerando la acepción de “Síndrome” como fenómeno -no como enfermedad-, hoy voy a hablar de dos fenómenos: el Síndrome de Munchausen Profesional y el Tecnoestrés.
Nada más confidencial que hablar de lo que uno gana. Somos capaces de hablar de lo poco que pagan a los futbolistas de segunda con respecto a los de primera, de protestar por la subida de carburantes, de la inflación (cuando la había), pero no somos capaces de hablar de nuestro propio salario. Nos invade de repente una vergüenza extraña que nos impide hablar de nuestros ingresos.
En esta ocasión, y siguiendo con la serie de artículos dedicados a los Nuevos Síndromes Profesionales, voy a hablar de uno de los fenómenos más extraños que están aconteciendo en el panorama organizativo y que se ha denominado Síndrome de Karoshi.
El Karoshi es el síndrome que define la muerte imprevista por sobrecarga de trabajo. Este síndrome es desafortunadamente muy común en Japón. Su nombre viene de la primera persona que se considera falleció a la edad de 29 años como consecuencia de un esfuerzo profesional extremo tanto en horas como en actividad. Se calcula que más de 10.000 japoneses mueren al año de Karoshi y empiezan a documentarse casos en China. La muerte por Karoshi es súbita y sobreviene por derrame cerebral o insuficiencia cardiaca o respiratoria debido al exceso de fatiga, que produce tensión alta y arterioesclerosis.
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