La pasada semana impartí un curso de liderazgo para responsables de departamentos de una empresa dinámica y joven. Y cuando al principio pregunté sobre qué querían llevarse del curso, la mayoría me pedía recetas. ¡Recetas para liderar personas, para gestionar mejor a sus equipos, para delegar mejor, etc.!
Esto ya lo he observado en otras muchas ocasiones en los cursos de formación a directivos. Y me hace reflexionar sobre la superficialidad del mundo de la empresa, sobre el deseo inmediato de soluciones prefabricadas. En definitiva, lo que he bautizado como fast-leadership.
Ante todo estimados lectores bienvenidos a este nuevo año de incógnitas e incertidumbres.
¿Qué será 2009, un año perdido o ganado? La respuesta está en cada persona, en la actitud y decisión que tome cada persona al respecto.
“Por favor, no cuelgue. Cuando termine de hablar con usted, una grabación le hará unas preguntas sobre cómo le he atendido. Gracias por contestarlas”.
Cuando una empresa de telefonía, gas, internet, etc., nos empieza pidiendo que no acabemos la conversación es porque teme, con bastante fundamento, que el cliente va a colgar en cuanto acabe de hablar con el operador y no va a responder a las preguntas frías de una máquina.
¿Por qué algunas de las empresas que más dinero gastan en imagen y en programas de captación de clientes, dejan pasar la oportunidad de oro de hablar de “tu a tu” con el cliente o usuario, no sobre el acuerdo o solución del problema objeto de la llamada, sino sobre la calidad de la atención durante ese contacto?.
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