Se llama Ana. Es bajita, muy simpática y lleva incontables años con nosotros en la empresa familiar. Es la que más memoria histórica guarda y la que tiene un arma poderosa para un correcto relevo generacional: su cajón está lleno de subrayadores de colores. Es la sonrisa más amplia y amable que ven mis hijas cada vez que vienen a la oficina. Mis hijas, les recuerdo, son esas dos niñas de ocho y seis años que han tenido que montar su negociete para vender bollos y poder comprarse una Nintendo.
En el anterior post que escribía a principios de mes, comentab que lo que pasa cuando las familias empresarias se saltan alguna de las etapas (enseñar a hacer, hacer hacer y dejar hacer) en la incorporación de la siguiente generación al trabajo en la empresa familiar. Como lo prometido es deuda, en este analizaremos las consecuencias de no evolucionar hacia la siguiente etapa cuando ya se está maduro para ello y, en particular, cuando la etapa DEJAR HACER no acaba de llegar…..por unas razones o por otras.
En algunos casos, por desconfianza del futuro sucedido (fundada o no) hacia las capacidades de los sucesores para gestionar la empresa, para convivir armónicamente, cuando son varios, en la gestión, o para continuar y consolidar su proyecto empresarial, misión que exige un espíritu emprendedor que, intuyen, no ha resultado incluido en el ADN con el que han sido agraciados. A veces la inseguridad se deriva de la certeza de que los hijos/as no son clones de ellos, por lo que ven difícil que reproduzcan sus éxitos.
Uno de los aspectos más relevantes a la hora de planificar y acometer el relevo generacional en la empresa familiar es, precisamente, la incorporación de la siguiente generación al trabajo en la empresa.
Este proceso, que a menudo se produce de forma natural y sin planificación previa, suele implicar, de facto, varias fases sucesivas, que se van produciendo a lo largo de los años en los que conviven, en activo, ambas generaciones. Así, en la primera fase lo deseable es que se ENSEÑE A HACER a los que acaban de incorporarse. Una vez que sepan desempeñar los cometidos que les han sido asignados, los mayores les HACEN HACER, y cuando la generación que pasa el testigo decide que ha llegado el momento de abandonar la gestión del día a día, sabiendo que la empresa queda en buenas manos, les DEJAN HACER.
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